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Anemia de Fanconi
Es un trastorno multisistémico de base genética y poco frecuente caracterizado por pancitopenia progresiva con insuficiencia medular, malformaciones congénitas variables y predisposición al desarrollo de tumores hematológicos o sólidos.
ORPHA:84
Nivel de clasificación: Trastorno
Prevalencia: 1-9 / 1 000 000
Herencia: Autosómica recesiva, Recesiva ligada al cromosoma X
Edad de inicio o aparición: Infancia
La prevalencia esperada al nacimiento es, al menos, de 1/160.000.
Los primeros signos de la anemia de Fanconi (AF) suelen ser hallazgos no hematológicos. Las anomalías de las extremidades son uni- o bilaterales (por lo general asimétricas). También puede asociar anomalías menores, como talla baja y bajo peso al nacimiento, microcefalia y/o microftalmia. Las alteraciones de la pigmentación cutánea (manchas café con leche) y la eminencia tenar hipoplásica son frecuentes. Casi el 20% de los pacientes presenta malformaciones auditivas con o sin hipoacusia. Las malformaciones congénitas pueden afectar a otros sistemas orgánicos y varían dentro de una misma familia. La talla baja es sindrómica y/o asociada a endocrinopatías. Con frecuencia, la fertilidad está afectada en varones y muy alterada en el 50% de las mujeres. Cuando las malformaciones congénitas no son significativas, el diagnóstico puede retrasarse hasta la manifestación de las anomalías hematológicas. La insuficiencia medular aparece a una edad media de 7 años, y el 90% de los pacientes desarrolla insuficiencia medular antes de los 40 años de edad. Las primeras manifestaciones son la macrocitosis (muy temprana) y la trombocitopenia. En pacientes con mosaicismo somático, los hemogramas pueden ser normales hasta la aparición de una neoplasia hematológica maligna. Por lo general, los pacientes presentan una elevada predisposición al desarrollo de tumores sólidos (con mayor frecuencia de cabeza y cuello o de las regiones anogenitales).
La AF es genéticamente heterogénea y las variantes implicadas están asociadas a la reparación del ADN y a la estabilidad genómica. Más del 90% de los pacientes presenta mutaciones de los genes FANCA, FANCC, FANCG o FANCD2. Las mutaciones de los genes con una función aguas arriba en el complejo FA-core se asocian a la AF clásica. Algunas de las variantes ''aguas abajo'' (como BRCA2) están asociadas con un riesgo muy elevado de desarrollar tumores sólidos en la lactancia y en la primera infancia.
El diagnóstico se basa en la evaluación de la rotura cromosómica inducida por diepoxibutano (DEB) o mitomicina C (MMC). Esta prueba puede ser normal en pacientes con mosaicismo somático, en cuyo caso, las pruebas deben realizarse en fibroblastos.
Las manifestaciones clínicas de la AF solapan con las de muchos síndromes malformativos (Dubowitz, Seckel, Holt-Oram, Baller-Gerold, trombocitopenia-aplasia radial, síndromes de rotura de Nijmegen, asociación VACTERL, disqueratosis congénita, anemia de Blackfan-Diamond) y su diagnóstico suele retrasarse hasta que el paciente desarrolla IM o neoplasias malignas. La AF debe considerarse en el diagnóstico diferencial de todos los casos de pacientes jóvenes con IM de etiología desconocida y en otros síndromes de predisposición al cáncer (síndromes de Bloom, Rothmund-Thomson o Werner) o síndromes con IM constitucional o adquirida.
El diagnóstico prenatal es posible mediante un ensayo de rotura cromosómica en sangre fetal o, cuando se conoce la mutación, mediante pruebas genéticas.
El trastorno suele ser autosómico recesivo. Excepcionalmente, puede ocurrir una transmisión ligada al cromosoma X (FANCB, <1%) o autosómica dominante (FANCR, <1%). Si se conoce la variante, se debe ofrecer a los padres la opción de la reproducción asistida.
El cuidado sintomático incluye transfusiones de concentrado de eritrocitos (GR) o de plaquetas leucodepletadas. En aquellos pacientes que requieran una transfusión regular, se debe considerar el trasplante de células madre hematopoyéticas (TCMH), el único tratamiento curativo para las manifestaciones hematológicas a día de hoy. El tratamiento sintomático incluye la administración de andrógenos por vía oral, que permite mejorar los parámetros sanguíneos en la mayoría de los pacientes, aunque asocia una toxicidad hepática grave y no disminuye el riesgo de leucemia. Debe valorarse la administración de G-CSF, preferiblemente después de un aspirado de médula ósea, en pacientes con infecciones agudas graves. Se recomienda la evaluación periódica de posibles neoplasias hematológicas malignas en la infancia en pacientes no trasplantados; excepto en las anomalías 1q, la identificación de un evento clonal debe conducir al trasplante. Las pruebas de detección de tumores sólidos deben comenzar en la adolescencia, especialmente en un contexto posterior al trasplante; el riesgo puede ser mayor en pacientes con EICH crónica. Se debe realizar una biopsia de cualquier lesión sospechosa. Cuando se desarrollan neoplasias malignas, el tratamiento se complica por la sensibilidad a la radiación y la quimioterapia de los pacientes con AF.
El TCMH trata eficazmente la IM. La prevención y el tratamiento de los tumores sólidos son el principal desafío en pacientes trasplantados.
Última actualización: diciembre 2020 - Revisores expertos: Dr Thierry LEBLANC | ITHACA*
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