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Hipertermia maligna de la anestesia
Es un trastorno farmacogenético del músculo esquelético que se presenta como una respuesta hipermetabólica a los gases anestésicos volátiles potentes tales como el halotano, sevoflurano, desflurano y el relajante muscular despolarizante succinilcolina y, en raras ocasiones, en respuesta a situaciones de estrés como el ejercicio intenso y el calor.
ORPHA:423
La incidencia de reacciones de HM varía de 1/5.000 a 1/50.000-100.000 en función del anestésico. Sin embargo, la prevalencia genética de las anomalías genéticas puede llegar a ser de 1/400 individuos. Se ha descrito una preponderancia masculina significativa.
Los síntomas clínicos de la enfermedad son altamente variables, desde un curso autolimitado con síntomas leves o moderados hasta crisis fulminantes. Los signos clásicos de la enfermedad incluyen marcada hipertermia, taquicardia, arritmia supraventricular y ventricular, taquipnea, incremento en la producción de dióxido de carbono y en el consumo de oxígeno, acidosis, espasmo masetero aislado o rigidez muscular generalizada y rabdomiólisis, todos ellos relacionados con una respuesta hipermetabólica. En ausencia de tratamiento, la etapa terminal de la enfermedad está marcada por insuficiencia multiorgánica (incluyendo insuficiencia renal aguda) y colapso circulatorio.
En la mayoría de los casos, la enfermedad está causada por un defecto en el receptor de rianodina. Se han identificado más de 400 variantes en el gen del receptor de rianodina (RYR1), localizado en el cromosoma 19q13.1, y, al menos, 34 de ellas son causales. Los cambios fisiopatológicos de la enfermedad son debidos a un incremento incontrolado de calcio mioplásmico, que activa procesos bioquímicos relacionados con la activación muscular. Como resultado del agotamiento de ATP, la integridad de la membrana muscular se ve comprometida, conduciendo a hiperpotasemia y rabdomiólisis. Los episodios de HM están desencadenados, principalmente, por anestésicos volátiles y succinilcolina. En casos muy infrecuentes, situaciones de estrés tales como ejercicio, emoción y calor pueden desencadenar una reacción.
Una clave diagnóstica temprana es el incremento de los valores de dióxido de carbono en el espirado final. La gasometría arterial revela una combinación de acidosis metabólica y respiratoria con exceso de base negativo, lactemia, hipercapnia e hipoxemia. El diagnóstico se basa en la prueba de contractura in vitro en biopsia muscular inducida por el halotano y la cafeína. También se han utilizado otros medicamentos como la rianodina y 4-cloro-m-cresol, aunque no forman parte del protocolo estándar. El diagnóstico se realiza cuando las fuerzas de contracción exceden el valor umbral después de la exposición a estas sustancias. El esclarecimiento de las alteraciones genéticas ha llevado a la introducción, de forma limitada hasta la fecha, de pruebas genéticas de detección de susceptibilidad a la enfermedad. A medida que aumenta la sensibilidad de las pruebas genéticas, la genética molecular resultará de mayor utilidad para la identificación de individuos en riesgo.
El diagnóstico diferencial de una crisis fulminante de HM incluye el feocromocitoma esporádico, el síndrome serotoninérgico, el síndrome neuroléptico maligno, la reacción anafiláctica, la crisis tiroidea y la sepsis.
La enfermedad se hereda siguiendo un patrón autosómico dominante. El asesoramiento genético es posible en familias con una mutación conocida causante de la enfermedad.
El dantroleno sódico es un antagonista específico de los cambios fisiopatológicos ocurridos en la enfermedad y debe estar disponible cuando se administre anestesia general. Cuando hay sospecha de la enfermedad, la administración de agentes desencadenantes deberá interrumpirse de inmediato y continuar la anestesia con propofol intravenoso, opiáceos y/o sedantes. Durante una crisis, se debe administrar dantroleno a una dosis de 2,5 mg / kg, cada 5-10 minutos hasta que el paciente esté estabilizado. La reanimación con fluidos y la administración de vasopresores pueden ser necesarios para estabilizar los parámetros hemodinámicos. El enfriamiento (con líquidos intravenosos fríos, hielo tópico o mantas especiales de enfriamiento) es esencial ya que las elevadas temperaturas agravan las reacciones de HM ya establecidas.
El síndrome puede resultar letal en ausencia de tratamiento, aunque gracias al gran avance en la comprensión de las manifestaciones clínicas y la fisiopatología del mismo, la mortalidad de la enfermedad ha descendido desde más del 80% hace treinta años, a menos del 5% en la actualidad.
Última actualización: febrero 2015 - Revisores expertos: Dr Neil POLLOCK - Dr Henry ROSENBERG - Dr Kathryn STOWELL
: producido/avalado por ERN(s)
: producido/avalado por PSMR(s)
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