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Síndrome de Dravet
Es una encefalopatía epiléptica del desarrollo, poco frecuente y de origen genético, caracterizada por la aparición, de inicio en el periodo de lactancia, de convulsiones intratables que suelen ser febriles, y que se asocia a deterioro cognitivo y motor.
ORPHA:33069
Nivel de clasificación: Trastorno
- Epilepsia grave de la infancia con mioclono
- Epilepsia mioclónica grave de la infancia
Prevalencia: Desconocido
Herencia: Autosómica dominante
Edad de inicio o aparición: Lactancia, Neonatal
Se cree que la prevalencia mundial al nacimiento es de 1/15.000-40.000.
El inicio de la primera crisis epiléptica se produce habitualmente en el primer año de vida (normalmente a los 5-8 meses) en lactantes previamente sanos. Las crisis pueden ser clónicas, a menudo unilaterales y con lateralidad alternante, o tónico-clónicas generalizadas. Las crisis suelen ser febriles y de larga duración, presentándose como estatus epiléptico febril (EE). El EE es frecuente sobre todo en los primeros años. También pueden producirse otros tipos de crisis, como las crisis de ausencia focales o atípicas, así como posibles crisis tónicas o tónico-clónicas nocturnas en racimo entre los 4 y los 11 años de edad. La fotosensibilidad, las elevadas temperaturas, la estimulación lumínica y el ejercicio pueden desencadenar las crisis. El retraso del desarrollo suele ser evidente a los 2 años, seguido por un efecto meseta del desarrollo cognitivo. En esta etapa también pueden aparecer trastornos del habla, afectación progresiva de la marcha con encorvamiento y trastornos del sueño.
Alrededor del 85% de los casos se debe a una mutación o deleción del gen SCN1A (2q24.3), que codifica un canal de sodio activado por voltaje. La mayoría de las mutaciones son de novo pero pueden formar parte de un espectro familiar de epilepsia generalizada con crisis febriles-plus (EGCF+) en un 5-10% de los casos. Las mutaciones del gen PCDH19 (Xq22.1) podrían representar alrededor del 5% de los casos en mujeres. En alrededor del 10% de los casos, la etiología es desconocida. Cerca del 3% de los pacientes que son inicialmente negativos, presenta deleciones o mutaciones somáticas de SCN1A. También se ha descrito algunos casos de pacientes con variantes patogénicas de otros genes como GABRG2 (5q34), GABRA1 (5q34), STXBP1 (9q34.11), SCN1B (19q13.12), and SCN2A (2q24.3).
El diagnóstico se basa en los hallazgos clínicos y electroencefalográficos (EEG). Al inicio, el EEG suele ser normal, pero posteriormente se registran puntas o polipunta-ondas con enlentecimiento del fondo y descargas multifocales. La resonancia magnética cerebral suele ser normal. Las variantes patogénicas de SCN1A permiten confirmar el diagnóstico en el contexto clínico del síndrome de Dravet.
El diagnóstico diferencial incluye la epilepsia mioclónica astática.
En las familias con una mutación de SCN1A conocida, de herencia autosómica dominante, es posible el consejo genético, aunque el rango fenotípico en las familias puede ser amplio. En los casos con mutaciones de novo, el consejo genético puede resultar útil.
El objetivo principal del tratamiento es reducir la frecuencia de las crisis y prevenir el EE. Al inicio de la enfermedad, es posible controlar las crisis febriles con valproato, clobazam, estiripentol y bromuro. El estiripentol puede resultar eficaz en la reducción de la duración y la frecuencia de las crisis en combinación con valproato y clobazam. La dieta cetogénica, topiramato y levetiracetam pueden proporcionar una eficacia sustancial como terapia complementaria, así como el cannabidiol en asociación con clobazam. Los ensayos clínicos en curso han demostrado una eficacia sustancial de la fenfluramina como complemento. También puede considerarse la estimulación del nervio vago. Deben evitarse los bloqueantes de los canales de sodio (carbamazepina, oxcarbazepina, eslicarbazepina, lamotrigina y fenitoína), ya que exacerban las crisis. Las benzodiacepinas se utilizan para tratar las crisis agudas. Los niños con crisis de caída importantes necesitan cascos de protección craneal. El manejo del tratamiento deberá quedar a cargo de profesionales sanitarios con experiencia en epilepsias raras y complejas.
Las crisis epilépticas pueden disminuir su frecuencia en la edad adulta, pero a menudo siguen siendo refractarias a los tratamientos. Es frecuente la afectación cognitiva de moderada a grave y la epilepsia intratable en la edad adulta. Los niños presentan un declive cognitivo progresivo tras la afectación temprana del lenguaje y de la función visual. La discapacidad intelectual está presente en alrededor del 86% de los pacientes. También se puede asociar con un trastorno del espectro autista en el 31% de los casos. La prevención de la aparición del EE convulsivo en niños puede mejorar el pronóstico a largo plazo.
Última actualización: abril 2021 - Revisores expertos: Dr Nicole CHEMALY | EpiCARE* - Pr Rima NABBOUT | EpiCARE*
: producido/avalado por ERN(s)
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